De San Diego a Phoenix en bici
Recientemente hice un viaje en bici bien chévere con un buen amigo. A continuación está un breve informe con unas fotos que tomé.
El 22 de febrero, mi amigo Kyler y yo embalamos nuestras bicicletas en cajas y volamos a San Diego, CA. El plan era pedalear desde allí hasta Phoenix, AZ en el transcurso de unos 10 días. Cargaríamos carpas y sacos de dormir para acampar a lo largo del camino. Para Kyler, esta sería el último tramo de una ruta de 3,000 millas que atrevesa el país, llamada el Southern Tier, que va desde Jacksonville, FL hasta San Diego, CA (o viceversa dependiendo de la dirección en que uno quiere ir). Kyler había completado la mayor parte de la ruta por etapas, de este a oeste: de Jacksonville a New Orleans, de New Orleans a Austin y de Austin a Tucson. Este tramo, yendo en la dirección contraria, sería su final triunfante. Me invitó a acompañarlo y yo acepté feliz.
Salimos de Filadelphia en la mañana, paramos en Orlando, y luego llegamos a San Diego bastante tarde en la noche. Armamos las bicis y pedaleamos al California Dreams Hostel. En la mañana, nos llenamos de carbohidratos y café y nos fuimos para la playa para comenzar la ruta.
El primer tramo de la ruta iba por una ciclovía plana y pavimentada que seguía el Río San Diego hasta las afueras de la ciudad. El sur de California es conocido por su clima seco y soleado, pero nuestra visita coincidió con una gran tormenta de invierno que traería lluvia, nieve y vientos fríos durante la mayor parte de nuestro viaje.
Cuando llegamos a unos 2,500 pies de altura, decidimos dar por terminado el día. No había muy buenas opciones para acampar así que fuimos a un campamento para caravanas en El Cajón, CA donde nos permitieron montar las carpas. Los campamentos para caravanas suelen ser un último recurso en los viajes de bici. Las parcelas son losas grandes de cemento, lo que hace dificil estacar una carpa. Además, uno puede encontrarse durmiendo a unos pies del zumbido de un generador toda la noche. ¡Pero sacamos el mayor provecho! Convenientemente, había una pizzería con cerveza muy cerca así que fuimos a cenar y tomar y pasar unas horas con los clientes regulares.
Al siguiente día, mientras continuábamos subiendo la montaña, la temperatura iba bajando y vimos nieve que había caído en los días anteriores. Siempre que nos deteníamos, la gente nos decía que venía una tormenta de nieve esa noche y que podría caer unos pies de nieve. Teníamos la esperanza de acampar tanto como fuera posible, pero decidimos no arriesgarlo y conseguimos una habitación de motel en el pueblo de Boulevard, CA. Teníamos las opciones de comida muy limitadas, pero logramos prepararnos una cena elegante.
Nos levantamos al otro día esperando ver la carretera cubierta de nieve, pero afortunadamente, sólo estaba lloviendo un poco. Ese día la ruta nos llevaría a bajar los 4,000 pies de altitud que habíamos subido en los dos días anteriores. Es dificil describir lo rápido y ventoso que es bajar una montaña así en bicicleta. El descenso fue aterrador y hermoso y al llegar al fondo estábamos en el pueblo de Ocotillo, CA. Fuimos a almorzar al Red Feather Offroad Market and Cafe, que es un restaurante, y también un museo de motocross clásico, y también una tienda vende repuestos de motos. Es un lugar interesante.
De allí, continuamos hacia el este, más adentro del desierto. Los caminos en los que habíamos estado el día antes eran serpeantes y montañosos. Ahora, tomaríamos caminos largos, rectos y planos que seguían hasta el horizonte, con nada más que espacio vacío en todas direcciones. Dejamos Ocotillo y seguimos un camino así por 34 millas hasta Caléxico, donde conseguimos una habitación de motel para pasar la noche. La pequeña ciudad está ubicada al otro lado de frontera con Mexicali, México. Como se puede imaginar, estar allí se siente como que uno está en México en muchos sentidos. Cenamos en Rosa’s Plane Food, Inc. y luego fuimos 111 Club Bar a tomar algo.
Cuando salimos de Caléxico al otro día, pedaleamos hacia el norte por una 13 millas hasta el pueblo de Brawley, CA. Íbamos hacia el norte y soplaba un fuerte viento hacia el este, lo cual hacía que fuéramos mucho más lento de lo normal, pero después de Brawley, viramos al este y entonces íbamos volando. El paisaje pasó de grandes granjas industriales a desierto salvaje, a dunas de arena totalmente áridas. El plan era acampar en una área conocida como Glamis que es popular entre las personas que manejan buggies. Antes de que llegáramos, los habíamos visto manejando por la arena, y me sorprendí por lo divertido que parecía. Cuando llegamos a Glamis, una mujer llamada Missy, vino corriendo para ofrecernos Gatorade, y después cerveza, y después hierba. Luego de pasar un rato hablando del cicloturimso (Missy había sido ciclista de turismo antes de romperse el pelvis en una accidente de buggy), su esposo Chris ofreció llevarnos a dar una vuelta. El sol se estaba poniendo y la luz era de un cálido color dorado. Además, yo estaba sintiendo bastante los efectos de la hierba. Manejamos hasta la cima de una duna de 300 pies llamada Oldsmobile Hill y me pareció la mejor manera de experimentar un lugar tan extraño y hermoso. Estoy bien agradecido con Chris y Missy por su generosidad.
Salimos de Glamis temprano al siguiente día. El terrerno se volvió más montañoso pero el camino seguía siendo una línea larga y recta a través del desierto. El plan era llegar a un campamento de la Oficina de Administración de Tierras llamado Oxbow, que está situado junto al Río Colorado. El trayecto fue corto y no pasamos por ningún pueblo, así que fue bueno que trayéramos mucha comida y agua con nosotros. Una vez que llegamos a Oxbow, Kyler filtró agua del río y ¡no nos enfermamos!
En la mañana, dejamos Oxbow y rodamos a lo largo del río antes de cruzar a Arizona. La ruta que seguíamos nos tuvo pedaleando en el arcén de la I-10, lo cual no nos entusiasmaba, así que decidimos tomar un camino de tierra que seguía parallelo a ella. Fue divertido por un tiempo, pero después de unas millas, se hizo demasiado empinado y rocoso para nuestras bicis. En ese momento, estábamos lejos de la carretera y tuvimos que seguir el lecho de un arroyo seco para regresar a la carretera. Llegamos a la ciudad de Quartzsite, AZ y nos detuvimos para comprar comestibles y después pedaleamos unas millas más hasta Scaddan Wash, que es una extensión de desierto que pertenece a la Oficina de Administración de Tierra. Es gratis acampar allí y es muy hermoso, pero no hay instalaciones ni parcelas designadas. Por la noche, escuchamos muchos coyotes que parecían estar bastante cerca, así que nos aseguramos de que la comida estuviera atada arriba en un árbol.
A la mañana siguiente, continuamos por la I-10 antes de virar en la US-60, que sería nuestra única carretera durante los próximos días. Pasar tantas horas pedaleando sobre un solo tramo inicialmente me provocó una sensación de ansiedad, pero al final me relajé y lo disfrutaba. También estaba lloviendo ese día, por lo que la idea de detenernos a comer algo no nos apetecía. Así que seguímos adelante hasta que llegamos a Salome, AZ, que era el único pueblo con más de dos edificios por el que habíamos pasado todo el día. Conseguimos una habitación en Sheffler’s Motel y luego fuimos a Don’s Cactus Bar, que quebada enfrente. A pesar de un grupo de borrachos que nos dejaron claro que no les gustaban los ciclistas ni los gays, la pasamos bien tomando Bud Light y jugando al shufflepuck.
A la mañana siguiente, salió el sol y continuamos sobre la US-60. Otra vez, no pasamos casi ninguna tienda ni restaurante hasta que llegamos al Coyote Café. No sé exactamente por qué, pero me encantó este lugar. Se sentía viejo y bien cuidado, pero encima de eso, el menú era una mezcla fantástica de comida estadounidense estilo diner, y platos típicos mexicanos. Al entrar, rápido me di cuenta de que todo iba a estar delicioso y tenía razón, pero comí demasiado y me arruiné el estómago por el resto del viaje.
El punto final del día fue un parque de condado en las afueras de Wickensburg, AZ donde acampamos en la cima de una montaña y disfrutamos una de las puestas de sol más hermosas que he visto en mi vida.
Desde Wickensburg, sólo teníamos unas 60 millas para llegar a Phoenix. Podríamos haberlo hecho de una sola vez, pero todavía nos quedaban unos días hasta mi vuelo de regreso a Filadelfia, y no teníamos interés en pasarlos en una ciudad, así que decidimos parar y acampar en Lake Pleasant, que estaba a mitad de camino. El campamento en sí fue bastante decepcionante pero nos entretuvimos dando una vuelta alrededor del lago y tomando un par de cervezas en un bar del puerto deportivo.
El siguiente día sería realmente el último día pedaleando para mí (pero no para Kyler). Salimos de Lake Pleasant y llegamos a Phoenix bastante temprano en el día, atrevesando millas y millas de suburbios, siguiendo ríos y canales. Yo nunca había pasado mucho tiempo en Phoenix y suponía que no era un lugar muy interesante pero estaba equivocado. Nos alojamos en el Phoenix Hostel y hicimos unos amigos, después salimos a cenar y encontramos una tocada punk divertida en un bar. Al otro día fuimos al Museo Heard para un festival de artesanías indígenas y luego regresamos al mismo bar para hacer karaoke en la acera de enfrente. El 6 de marzo fue mi último día y para Kyler fue el comienzo de su viaje de Phoenix a Tucson para visitar a sus papás. Él se fue y yo pasé el día en el Jardín Botánico del Desierto antes de empacar mi caja y dirigirme al aeropuerto para mi vuelo de regreso a Filadelfia a la 1:00 AM. Llegué a casa sintiéndome infinitamente agradecido por un viaje tan divertido y fácil y por la belleza y la generosidad que encontramos. El suroeste es una parte del mundo verdaderamente mágica y estoy esperando regresar allí algún día.